CREATIVIDAD

Entrevista a A David Peña, Puño, realizada por Silvia Mielgo

A David Peña, conocido como Puño, no le gustan las definiciones, ni siquiera el término de ilustrador, por eso se califica como amigo y esteta.

Este referente español ha ilustrado con su característico estilo más de 10 álbumes propios, anuncios publicitarios o multitud de publicaciones. Entre ellas, ha trabajado en cómics, libros infantiles, revistas o diarios como Público o El Mundo.

Una parte importante de su carrera profesional la dedica a la formación en ilustración y en creatividad, de la que piensa que es un músculo que todos podemos desarrollar.

Una de tus múltiples facetas es la de ser formador, ¿cómo empezaste dando charlas de ilustración o cursos intensivos de cómic?

Comencé a dar clases y charlas como casi todo lo que hago: por necesidad económica. Recuerdo el primer verano que trabajé como profesor, también hacía de peón de albañil y me pasaba las tardes y las noches vendiendo helados en la puerta de una comisaría. El agravio comparativo hizo que me decantara por lo didáctico.

¿En ellas siempre diste consejos motivadores para ejercitar el músculo de la creatividad?

Los consejos vinieron más tarde. Tras unos años dando clase me di cuenta de que la gran mayoría de las personas tiene una grave falta de autoestima creativa. Es muy difícil enseñar nada cuando el alumno piensa que es incapaz de aprender, o que pesa sobre él una maldición, o que padece un defecto genético que le impide hacer cosas bonitas. Primero, hay que romper esa ilusión de impotencia y luego uno puede aprender cualquier cosa. Esto no significa que todos seamos capaces de operar a corazón abierto o de manejar un helicóptero, pero sí que podemos explorar cualquier disciplina artística.

Nos gustaría que nos hablaras sobre cómo recuerdas el primer taller o charla que impartiste.

El primer taller fue en Rivas Vaciamadrid en agosto de 1997, aquel verano de escombros y helados. Era un taller de cómics para personas entre ocho y catorce años, en una academia. Fue una experiencia muy buena y supe inmediatamente que me quería dedicar a enseñar. Ese mismo otoño impartí un taller anual que duró varios cursos, dos años después daba clases también en colegios y en centros empresariales.

¿Qué has aprendido durante todos estos años de tus alumnos y el público de tus conferencias?

El que más aprende en mis cursos soy yo. Es una responsabilidad enorme, uno tiene que estructurar y hacer comprensible un montón de información. En el caso de la creatividad y la ilustración no hay mucho escrito, y lo que hay está obsoleto en gran parte. Esto hace que seas consciente de cosas que sabes subconscientemente. Prácticamente se basa en textualizar tu propia experiencia. Un amigo me dijo que para crecer a partir de cierta edad o de ciertos años de experiencia, uno tiene que sostener su carrera en tres pilares: la práctica profesional, la teoría y la didáctica. O sea que hay que currar, que leer y que enseñar. No puedo estar más de acuerdo.

Estamos acostumbrados a que los ilustradores y diseñadores den charlas en las que de forma mayoritaria presentan las virtudes de sus obras y explican su modo de trabajo. ¿Nos puedes recomendar algún otro profesional de la ilustración o diseño que ofrezcan ponencias inspiradoras, motivacionales?

Confieso que no asisto a muchas charlas. Pero por ejemplo, he disfrutado charlas de Isidro Ferrer y Pablo Amargo. Bien cierto es que abundan esas charlas en las que el ponente muestra sus trabajos, cuenta batallitas laborales y si tienes suerte, explica algo de su método de trabajo. Por eso no acostumbro a frecuentarlas como público. Me interesan las conferencias en las que el expositor desnuda completamente sus métodos o técnicas o en las que analiza la obra de otros desde un punto de vista único e interesante. Lo demás es masturbación ante la concurrencia.

Eres bastante crítico con el mercado del arte y las escuelas, incluso has comentado que han hecho mucho daño a la profesión de ilustrador al hacernos creer que un artista y un ilustrador son lo mismo. ¿Cuál es la diferencia?

La diferencia para mí está clara: yo soy un trabajador, no un artista. Es como si comparas a Helmut Newton o a Richard Avedon con el señor que fotografía los mejillones para el catálogo del Eroski. Pues yo soy ese, el de los mejillones. Mi obra poco tiene de mostrar mi universo interior o de despertar reacciones y emociones en el que la contemple. Lo que yo hago tiene que ver con líneas editoriales, modas comerciales, valores de producto y demás.

¿Qué otros males o bondades le achacas a las escuelas de arte respecto a la ilustración?

Bueno, las escuelas han hecho mucho daño en general, no sólo por mezclar churras con merinas. En los últimos veinte años ha habido un cambio gigantesco en los oficios artísticos: se han convertido en oficios industriales. Y de esto las escuelas de arte no se han dado cuenta. Hace poco me escribía una alumna de una escuela de arte con unas preguntas para un trabajo de su clase de Adobe Macromedia Flash o como se llame ahora. Me parece alucinante que en una escuela de arte de este país se imparta una asignatura sobre un software que hace años que se sabe que está obsoleto. Al final consiguen que los ilustradores sean como los actores, que por cada quinientos que dicen serlo sólo cinco viven de ello.

¿Cuáles son tus referentes? ¿Puedes contarnos qué ilustradores, corrientes o películas influencian tus trabajos?

Mis referentes son una cascada, se están renovando constantemente. A veces retornan. Pero en general me gustan los dibujos animados, los libros ilustrados, el cine de los 70, los ilustradores con blog, la literatura española de hace 100 años, lo colorido, lo sencillo o lo pop. A cualquier cosa le saco provecho. Eso de tener un gusto definido está muy bien cuando eres amateur, pero si te quieres ganar la vida de ello tienes que meter el hocico en todas partes, aunque sea para conocer lo que se hace o lo que se hizo.

¿Cómo defines tu estilo?

No tengo ni idea. No reflexiono sobre ello ni me gustan las definiciones, son fronteras invisibles. Tampoco estoy seguro de tener un estilo. Imagino que esta es una tarea que le tocará al que haga una enciclopedia o al que escriba mi esquela.

Estuviste viviendo durante un tiempo en la ciudad de la luz, ¿qué es lo que te aportó tu etapa en Francia?

En París pasé un año y no me hubiera gustado estar más. Es una ciudad muy dura si eres pobre y español. Pero aprendí y trabajé mucho, sobre todo para España. Siempre cuento que los clientes me veían diferente porque había pasado de ser el ilustrador de ciudad dormitorio del extrarradio madrileño a ser el ilustrador que vive en París, pero al pasar los años encuentro injusta esta afirmación: llegué a Francia siendo un bruto, un punk, un escéptico. Y allí aprendí a pasar por el aro, a relacionarme con gente de todo tipo y a dejar de vestir como si viniera de un futuro distópico post-apocalíptico, cosas muy útiles para crecer en esta vida y desarrollar una carrera profesional.

camiseta-calaveritos_web¿Podrías destacarnos uno de tus trabajo de ese periodo?

De ese año recuerdo especialmente el álbum ¡Ñam! Lo hice durante un invierno muy duro, con un taburete y un portátil diminuto, pasando mucho frío como si fuera un poeta con tuberculosis. Por él me dieron un premio muy importante que cambió mi trayectoria y me permitió aburguesarme, que es también esencial para cualquier carrera artística, pues no es lo mismo crear algo bonito cuando llevas diez horas reponiendo cartones de leche en el Carrefour.

¿Cuáles son las diferencias de trabajar de ilustrador aquí y en el país vecino?

La principal diferencia entre ser ilustrador en España y en Francia es que allí se valora, se impulsa, se divulga y sobre todo, se paga bien. Aquí la ilustración le interesa a cuatro gatos con un corazón y un entusiasmo imponentes que mantienen a flote el oficio con cuatro duros y mucho esfuerzo.

¿Cuál es tu relación con la tecnología a la hora de crear tus trabajos? ¿Cómo te has adaptado al medio online?

Nunca tuve que adaptarme porque nací en el medio online, soy indígena. Empecé a trabajar sin ordenadores ni Internet, pero hasta que no aparecieron en mi vida no me pude dedicar a ello. Son herramientas importantisimas, antes hacía falta dinero y conocimientos para crear un portafolio en carpetón y arrastrarlo por agencias, estudios y editoriales, con una camisa planchada, peinado y nervioso. De repente, Internet brindó una oportunidad gratuita de mostrar tus trabajos, de contactar con empresas y profesionales, de aprender de otros. Y todo esto sin quitarte el pijama.

Estamos muy interesados en conocer cómo se desarrolla el proceso creativo y de ejecución de tus trabajos.

Me gusta dedicar la mayor parte del tiempo a pensar en el proyecto, a rumiarlo hasta la extenuación. Durante esta etapa miro cosas que han hecho otros sobre el tema para saber dónde se va a situar lo que haga yo, para no repetir ideas, para encontrar el tono apropiado. Luego miro cosas de otros sobre otros temas y otras disciplinas para encontrarme en el humor adecuado para ponerme a trabajar. También paseo mucho, voy a bibliotecas y a parques a trabajar, para oxigenar el cerebro y recibir estímulos diferentes a los de la rutina de mi estudio, donde sólo me encierro para ejecutar. Cuando trabajo escucho jazz o música clásica o ambiental por la misma razón, para colocarme en un humor determinado que me permita trabajar con fluidez. Antes me intentaba imponer horarios y obligarme a trabajar cuando no me apetecía, pero era contraproducente. Soy más productivo ahora.

¿Puedes recomendar a nuestros lectores webs, blogs o cuentas de redes sociales que formen parte de tu lista de favoritos?

Sigo infinidad de tumblrs y blogs de ilustradores veinteañeros europeos o americanos. Hay gente buenísima ahora mismo. Seguía con pasión Drawn.ca, pero lo han cerrado. La mayor parte de mi tiempo online lo paso mirando otras cosas en absoluto relacionadas con la ilustración. Mis webs favoritas son Youtube e Imgur.com. Y Fort Scrotum, que es el retrato más despiadado de la humanidad que jamás ha hecho nadie.

¿En qué proyectos estás embarcado en la actualidad?

Como siempre, en un montón: estoy terminando mi primera novela infantil, coordinando un curso y varias asignaturas en el Istituo Europeo di Design, soy comisario de un ciclo de exposiciones en el Palacio de Cibeles, tengo pendiente de publicar un libro infantil ilustrado, preparando una colección de libros educativos y el puñadito habitual de proyectos personales: un fanzine que se bebe, un tebeo largo y otras cosas.

“190º The Magazine” sirve como plataforma para dar a conocer el trabajo de artistas emergentes, emprendedores o artesanos noveles, ¿qué opinión te merecen revistas como la nuestra?

Absolutamente esencial en estos tiempos en los que las empresas privadas y las institucionales dan la espalda a los oficios artísticos y creativos.

Fuente: https://silviamielgogallego.wordpress.com/2013/09/09/entrevista-al-ilustrador-puno/


¿Cuándo dejaste de dibujar? de Puño microBooks, nº 6

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