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Piedad Castellanos Herrero prologa a Verónica Isabel Tróchez S.

Como señala Piedad en su prólogo, tras una palabra se abre un mundo de posibles finales para una sola historia.

Antes de ponerme a escribir este breve prólogo, escuché las conferencias de Verónica varias veces. Necesitaba empaparme de ella, respetar su trabajo literario y su trayectoria profesional. La conferencia que impartió en el TEDxRíodePiedras, la escuché primero sola y en una segunda vez, uno de mis hijos se me acercó:«¿Qué escuchas mamá?¿Puedo?» Le ofrecí mis auriculares y de forma inmediata y espontánea, mientras veíamos juntos la conferencia, comenzó a repetir las palabras de Verónica para que pudiese escuchar lo que ella decía a través de su voz. En algunos momentos de su intervención, mi hijo me miraba «¿Qué te parece?», pregunté «Me recuerda a las cosas que tú nos dices». Le miré y le besé mientras le daba las gracias.Y pensé, «ya estoy lista para escribir».
Estábamos en sintonía, había coherencia en lo que me disponía a hacer y esto para mí es pieza clave para abordar la vida. Coherencia, una de las palabras más importantes que ‒creo con sinceridad‒ nos ayudaría a mejorar ese mundo al que Verónica se refiere.
Verónica nos habla de la importancia que las palabras tienen en la creación de nuevas realidades. Tras una palabra, solo una, se abre un mundo de posibles finales para una sola historia. Nuestras palabras dejan huella en cada persona que las recibe.Como una pisada en la arena; a pesar de que el agua del mar la borre, allí queda con nuestro ADN.
Hace unos años, en una formación para adolescentes, les planteamos una actividad lúdica: les invitamos a dibujar. Uno de los chicos, ante nuestra propuesta, se quedó parado; no dibujó nada, miró el papel y no hizo nada. Acabó el tiempo. Reiniciamos la dinámica con otro dibujo y el mismo chico repitió la misma actitud. «Manuel, ¿te pasa algo? ¿No dibujas?» Él argumentó: «Como dice mi profesor, mejor no hacer nada que hacer algo patético.» Y ahí se quedó, paralizado ante una hoja en blanco y recitando las duras palabras que su querido profesor había descargado contra él, un tiempo atrás.
Estoy segura ‒convencida‒ de que aquel profesor no es ahora, ni lo era entonces, consciente del efecto que tuvieron sus palabras en el miedo a equivocarse, a sentirse juzgado, en el miedo al rechazo que Manuel destilaba por cada poro de su piel. Estoy convencida porque quizás ninguno de nosotros somos conscientes del verdadero poder que tienen nuestras palabras sobre aquellos que tenemos tan cerca y sobre los que, a veces sin quererlo, ejercemos tan grande influencia.
Verónica habla de respeto, agradecimiento, cuidado, empatía, generosidad, confianza… Poderosas palabras para escribir otros finales de otras historias. Lo mejor, nosotros somos los verdaderos dueños de crear esas historias.

Piedad Castellanos Herrero
Psicóloga, fundadora y directora de Esencial Escuela de Educación Emocional
eseducacionemocional.com

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