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Educación para el amor- Claudio Naranjo

Un elemento fundamental en la educación debería ser la necesidad de amarse a uno mismo para poder abrirse al amor.

 

Entrando en el tema del amor, entendiendo este como nuestra parte materna, nuestra capacidad empática de ponernos en el lugar del otro, de interesarnos porque el otro sea feliz, de tener la posibilidad de la solidaridad, de la compasión… todas esas cosas son las que faltan en el mundo. Como dice el dalái lama en sus giras por el mundo: «Lo que más se necesita en estos tiempos son seres más bondadosos, no hacernos más inteligentes». Para superar nuestra crisis debemos poner el acento en este tipo de desarrollo.

Ante la pregunta de cómo podemos volvernos más amorosos, mi primera respuesta es volver al precepto cristiano: «Ama al prójimo como a ti mismo». Creo que es muy cierto. Cuando estamos bien, satisfechos, acordes con nosotros mismos, cuando no nos estamos persiguiendo ni mandándonos como un capataz a un esclavo —que es la condición habitual de la mente—, cuando estamos en la condición armoniosa del sano amor por nosotros mismos, entonces sí que es natural, espontáneo, el amor al prójimo. Pero no nos damos cuenta en qué medida nos falta ese amor por nosotros mismos.

El concepto amor propio me parece una mala traducción de amor por nosotros mismos, puesto que tiene un matiz más de vanidad, de orgullo. Yo creo que el amor propio se confunde con el egoísmo, que es un pobre sustituto, cuando las personas que no se aman a sí mismas tienen que volverse egoístas para sentir que son algo. El amor propio es como un abrazo a la criatura que reside en nosotros. No es un amor a nosotros por nuestros méritos o por los frutos de nuestro trabajo. No es el amor que nos puede dar el mundo por lo que hacemos o por cómo nos mostramos. El amor de la persona hacia sí misma es algo más simple, como cuando se acoge a un niño incondicionalmente. Es sentirse amigo de uno mismo.

La mayor parte de la gente no se da cuenta de hasta qué punto son enemigos de sí mismos. El sufrimiento emocional de las personas es, sobre todo, fruto de la enemistad con uno mismo, del propio rechazo a uno mismo. Cuando se habla de mejorar la autoestima solo tratamos de parchar algo sin reparar en lo que reside en el inconsciente, pero sin embargo solamente se podrá reparar esta escisión, este antagonismo interior, reconociéndolo plenamente.
Creo que estamos bastante ciegos ante esta condición de la vida civilizada. Es demasiado antigua, demasiado invisible como lo es el agua para los peces. Y todavía ahora nos movemos en esa mentalidad.
CLaudio Naranjo

PRÓXIMAMENTE

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