Clara Luquero prologa a Carmen Alborch

Clara Luquero, Alcaldesa de Segovia, introduce a Carmen Alborch, una mujer ejemplar.

Hace nueve años que comenzaba, en Segovia, el encuentro «Mujeres que transforman el mundo». Lo hacía en un espacio cuya singularidad era, para el encuentro, toda una declaración de principios: la antigua
cárcel, que iniciaba su andadura como centro para la cultura y el pensamiento.
La Cárcel_Segovia Centro de Creación y «Mujeres que transforman el mundo» son, de algún modo, un proyecto unido. La que fuera prisión
política durante la Guerra Civil y la dictadura franquista, no abandonaba su histórica arquitectura —ahí estaba su memoria—, pero se ofrecía para la libertad y el respeto, la esperanza y el compromiso. Con el arranque de «Mujeres que transforman el mundo» inaugurando el nuevo centro cultural, se hacía genealogía, un homenaje explícito a las presas políticas y a todas las mujeres que nos habían precedido en la lucha por la igualdad. Queríamos agradecerles su fuerza, su convencimiento, celebrar su diversidad de criterios y, también, su proyecto social común. Y, desde el principio, hubo una madrina maravillosa, nuestra querida Carmen Alborch.
Nos acompañó con su presencia o con su empuje en la distancia. Nos recordaba, si los testimonios de las participantes en el encuentro eran de una dureza sobrecogedora, que solo compartiendo y estando unidas, en la complicidad del compromiso cívico, es posible cambiar el mundo. Y que entre todas podíamos hacerlo; que, de hecho, en Segovia se estaba produciendo ya esa revolución transformadora porque estábamos sembrando conciencia.
Su rigor y su profundidad, su inteligencia y su amistad sin condiciones llenaban de alegría todo lo que tocaba. Contagiaba vitalidad y, por lo mismo, empeño democrático, solidaridad y paz. Sus intervenciones, su cortesía constante, la cercanía y naturalidad con que entregaba su indiscutible experiencia, eran la manera de estar siempre a disposición de la justicia. Es innecesario recordar los cargos de responsabilidad pública que desarrolló de un modo ejemplar o los ensayos que escribió de un modo tan generoso como cómplice. Fue protagonista de empeños igualitarios que han marcado la historia del feminismo y, por tanto, los avances de las últimas décadas. Ella era el ejemplo de que
una mujer independiente no tiene que identificarse con una mujer solitaria y triste; de que la complicidad entre mujeres es el tejido que protege y hace prosperar lo mejor de las sociedades. Ella sabía que ser malas es casi una obligación moral en un sistema que exige sumisión mediante el miedo, como mecanismo de control y de poder impositivo. Irónicas y vitales, con el placer de la edad y el conocimiento que los años aportan, sus palabras han sido impulso para personas del mundo entero. Lo han sido para todas las que tuvimos el inmenso honor de tenerla cerca.
Sí, en Segovia tuvimos la suerte incalculable de contar con su apoyo incondicional, con su cariño.
Hemos empezado, este 2019, a publicar algunos de los diálogos acontecidos en ediciones anteriores; queremos volverlos a vivir en el sosiego de la lectura. La selección es complicada porque todas las mujeres poderosas que nos van acompañando dejan huellas imborrables.
Pero en el caso de Carmen Alborch no había, no hay, ninguna duda.
Por todo ello y porque no sabemos ni queremos hablar de Carmen Alborch en un pasado imposible de aceptar, le hemos dedicado la novena edición del encuentro «Mujeres que transforman el mundo». Como te oímos decir tantas veces: «Siempre hay que continuar luchando
juntas».

Clara Luquero
Alcaldesa de Segovia

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