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Elena Álvarez Álvarez prologa a Michael Kimmel

Como nos señala Elena Álvarez, Michael Kimmel nos recuerda que el privilegiado nunca se siente culpable de sus privilegios .

Hoy lo he vuelto a leer en el periódico y de nuevo me he sorprendido. Mejor dicho: me he asustado. La ceguera de ciertas personas ante su posición de privilegio me sigue provocando estupefacción y, con el paso de los años, cada vez más enfado e indignación.
Que la igualdad de género, con todos los análisis sociales, filosóficos y legislativos que trae consigo, todavía se considere una «ideología manipulada» me pone los pelos de punta. Se trata de una idea íntimamente relacionada con la reflexión que Kimmel presenta en esta TED, sobre la invisibilidad del privilegio y, por tanto, la no aceptación como iguales de la mayor parte de la población: las mujeres.
Por derecho, moral y justicia social, quien goza de una situación de privilegio debería compartir su posición con sus conciudadanas. Aunque quizá sea ese el problema: a las mujeres no se nos ve como ciudadanas porque arrastramos una discriminación histórica que nos ha llevado a no ser consideradas iguales. Pero claro… como dice Kimmel, el privilegiado (el «hombre blanco occidental y de mediana edad») nunca se siente culpable de sus privilegios ni tampoco de la no cesión de estos… Y aquí de nuevo surge mi sorpresa.
Como profesional experta en género, en multitud de ocasiones me han invitado a impartir formación sobre el «sesgo inconsciente de género». Es decir, que debemos convencer de que la igualdad en derechos, oportunidades y trato es un objetivo alcanzable pero sin culpabilizar a las personas que se oponen a conceder esa igualdad. Creo que estamos ante una paradoja que debería extrañarnos a todas y a todos, sobre todo a quienes estudian la historia del pensamiento y de las luchas sociales. ¿Cómo vamos a explicar el patriarcado, el machismo y la desigualdad de género sin incluir una visión histórica y mundial de la supremacía del varón para que estos asuman los cambios estructurales, sociales y de pensamiento que han de producirse? ¿Qué habría sucedido en la Revolución Francesa si a los nobles se les hubiera tenido que explicar en qué consistían sus «privilegios inconscientes de clase»? Por supuesto, desde entonces hemos avanzado y lo de la guillotina ya no se lleva, pero esa insistencia en que el privilegiado no debe sentirse ofendido ante la explicación social de la opresión que está causando me parece fascinante y, con el paso de los años, indignante.
Y, por si fuera poco, la cosa se agrava cuando se habla de «manipulación de la ideología de género».
Pero volviendo a Kimmel, creo que la idea fundamental que pretende trasmitir, es que el triunfo de la igualdad implica el empoderamiento de los espacios privados y de los cuidados. Es decir, que esos espacios habitualmente ocupados por mujeres, se privilegien y que los hombres estén en ellos e incluso disfruten de ellos participando en igualdad. La cuestión es que se vuelven prestigiosos sólo cuando el hombre aparece en ellos… pero al menos nos queda la esperanza de que esto logre cambiar las cosas. De lo que no hay ninguna duda es que la participación del hombre en la revolución feminista debe ser consciente y solidaria.

Elena Álvarez Álvarez
Socióloga especialista en género, políticas públicas y evaluación.

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